01 noviembre 2006

Para continuar (y quizás finalizar) con la teoría del Problema

Encontré algo:

El “problema” es el Signo de Peirce… Es la unión (no sólo la conjugación) de las tres instancias: Es pimeridad segundidad terceridad… es todo. Objeto representamen e interpretante… Piénsenlo.
El “problema” es el fin de la semiosis infinita. La cadena de signos (supuestamente interminable) tiene un fin… el PROBLEMA.
El conocimiento tiene entonces un fin… y cuando lo escuchen van a darse cuenta. El conocimiento termina en el problema, en si mismo.

Tengo un Problema

Me pica el pie. Y es, definitivamente, un problema. Por lo tanto, ahora tengo dos problemas: Me pica el pie y tengo un problema (que antes no lo tenía). ¿Se entiende?... tengo un problema que me causa un problema.

Notará usted, que con la eliminación de alguno de ambos inconvenientes, se produciría una doble satisfacción. Aclaremos un poco más esto… Si me rasco el pie, se esfuma la picazón y con ella el problema. Y si lograra eliminar el problema, desaparecería la picazón

Sin embargo, ahora que lo pienso un poco más, para eliminar el problema me tengo que rascar, por lo tanto esto remitiría a la primera solución y no sería coherente. Quiero decir, el segundo problema (el del problema en si mismo) no tiene aún una solución aparente. Cómo puedo hacer para revelar esta segunda incógnita sin necesidad de remitir a la primera.

Pasé días enteros pensando en este tema… y llegué a una conclusión: Los problemas en si mismo (ya transformados en problemas) no tienen solución alguna. El problema es como la belleza…. Una categoría abstracta. No puede identificarse en si misma, es pura cualidad, incapaz de observarse sin una materialización. Si una obra de arte es la materialización de la belleza (por ejemplo), una picazón del pie es la materialización del problema.


El problema es la “primeridad” de Peirce… (En el doble sentido de la frase… cuac). Pero es a su vez segundidad… en tanto efecto de una causa. Y es también terceridad, porque requiere de un razonamiento como para concluir que es un problema.

¿La maldad, la bondad, la belleza y el problema? No lo se… terrible duda me agarró.


El problema vendría a romper siglos enteros de filosofía y pensamiento. Es la encarnación pura de la esencia, de la cualidad, y con el pensamiento y el hábito como sustento epistemológico y natural. ¿O acaso el problema no requiere de un razonamiento?

¡¡¡AYUDA!!!!


Alejandro A. Giuffrida

30 octubre 2006

La misteriosa muerte de Jim Morrison

Alrededor de la muerte de Jim Morrison se desplegó una serie de hipótesis y conjeturas que alimentó un misterio que fue creciendo con el correr de los años.

James Douglas Morrison no fue únicamente la estrella del grupo The Doors. Desde su infancia comenzó a leer autores como Huxley, Kerouac, Baudelaire y Rimbaud; y para cuando cursaba los primero años en la universidad de Cine, en Los Ángeles, conocía prácticamente de memoria la colección completa de Nietzsche. El nombre The Doors está inspirado en una cita de William Blake: “Si las puertas [the doors] de la percepción permanecieran abiertas aparecería al hombre todo tal cual es, infinito”. Muchos son los que aseguran que la verdadera vocación de Morrison fue siempre la poesía.

Pero, al margen de la literatura, y su infancia nómade viviendo en diferentes bases militares, producto de un padre piloto de la marina estadounidense; hubo otro hecho que Jim narra como determinante en su vida: Cuando era chico viajaba junto a su familia por una ruta y presenció un accidente en donde unos indios de Nuevo México fallecieron. Desde entonces, él pensaba que estaba poseído por uno de ellos y de allí deriva que durante sus presentaciones imitaba los éxtasis chamánicos. Además, Jim solía consumir el peyote, que es una droga característica de los habitantes indígenas de la zona. Anécdota que años más tarde alimentaría los rumores.
Jim Morrison falleció oficialmente la madrugada del 3 de julio de 1971, con 27 años, en su departamento en París. Su pareja Pamela Courson, lo encontró desnudo en la bañera, en la mañana. Según decía, ella pensó que “Jim estaba simulando”, básicamente porque se notaba que “se acababa de afeitar”. Desde este primer momento, comienzan las incógnitas y los rumores. La muerte fue anunciada en la prensa recién tres días después, y nunca nadie pudo explicar bien por qué. Pamela llamó a un médico francés – el Dr. Vasille – para que examine el cuerpo; y éste caratuló la causa como de muerte por “Paro Cardíaco”. Sin embargo, no se explica por qué de haber sido una “muerte por causas naturales” no se haya permitido que nadie vea el cuerpo… ni siquiera los padres de Morrison. Las dudas crecían, pero rompiendo la tradición de la policía francesa, ninguna autopsia se le realizo al cadáver. El cuerpo fue rápidamente preparado para ser enterrado en el cementerio francés Pere Lachaise, y pocas personas asistieron a la despedida. Y como si las sospechas entre sus seguidores no hubieran alcanzado, al momento del entierro el baterista de los Doors aseguró “¡la tumba es muy corta!”.



Por lo tanto, haciendo un recuento, sólo dos personas vieron a la estrella del Rock muerto: su pareja, Pamela, y el Dr. Vasille. Lamentablemente, Pamela falleció y el médico francés se niega a responder cualquier pregunta relacionada con el tema. Dadas las circunstancias, un grupo de fanáticos intentó tomar los archivos de la dentadura de Morrison y exhumar el cadáver y hacer coincidir las evidencias… pero los padres de Jim y sus abogados negaron al instante el pedido.

Una de las tantas hipótesis asegura los padres habían sacado el cuerpo del cementerio francés para llevárselo a Estados Unidos, pero las autoridades del lugar lo niegan.
Seguramente, la teoría más instaurada es aquella que propone que la muerte fue un simulacro para que Morrison pueda alejarse del furor masivo que se había cimentado en torno a su figura. A partir de esta posibilidad, se han inventado cientos de identidades falsas para Jim y numerosas voces aseguran haberlo visto con vida en diferentes puntos del mundo.
Otra versión, también muy difundida, afirma que la noche en la cual Morrison estaba supuestamente muriendo, muchos lo vieron en una fiesta en París, alcoholizado y muy drogado. Lo cual alimentó la idea de cierta conexión del cantante con la magia negra o el Voodoo, que haya hecho posible que se presente en diferentes lugares al mismo tiempo. Él, sucesivamente reconocía tener relaciones con lo oculto y en especial con la filosofía del Voodoo. Incluso, en esta rama de hipótesis, se llegó a afirmar que una doncella lo mató desde Nueva York, por medio de la brujería.

Jim Morrison se había fugado a París, porque en Estados Unidos estaba acusado de exhibicionismo y la condena hubiese sido la prisión. Por lo tanto, la idea de fingir su deceso para lograr el anonimato toma fuerza. El pianista de los Doors comentó en una ocasión: “Si existe un tipo capaz de escenificar su propia muerte, creando un certificado de muerte ridículo y pagando a un doctor francés, y poniendo en un saco ciento cincuenta libras dentro del ataúd y desaparecer a alguna parte de este planeta; ese tipo es Jim Morrison […]” Lo cierto es que el cantante días antes de su muerte había recorrido repetidas veces el cementerio Pere Lachaise y hay quienes afirman que había escogido cuidadosamente la tumba para su muerte.

Los amigos cercanos de Morrison cuentan que tras la muerte de Jimi Hendrix y Janis Joplin (meses antes del 1971), el cantante les confesó: “Están hablando con el tercero…”

Lo cierto, real e innegable es que la muerte de James “Jim” Douglas Morrison continúa siendo aún hoy un misterio que atrae la atención de muchas personas. Unos 35 años después, su tumba es el tercer monumento más visitado en París. Quizás la explicación radique en la incertidumbre.

Paro cardíaco, sobredosis, asesinato, muerte fingida; pocos o nadie lo saben con certeza. Acorde con una vida de excesos y misterios, la muerte de Jim Morrison despierta las pasiones más diversas y contradictorias.

Alejandro A. Giuffrida
Publicado noviembre 2006

26 octubre 2006

Adelanto




Aquí les dejo un adelanto de la tapa del mes de noviembre... (la imagen es bastante mala, pero es la única que me deja subir. Una pena)

Saludos

Alejandro Giuffrida

24 octubre 2006

SERENTA PARA UN LOCO

A veces cuando pienso que todo está perdido… tengo razón. Entonces me agarra un trauma aún mayor: ¿quién lo pensó primero, Baglietto o yo? Será un robo que lo diga a mi psicólogo… “licenciado, a veces pienso que todo está perdido”. El tipo seguro piensa… “si, eso ya lo dijo Baglietto, nene”. Para peor se pone a cantar la canción (para adentro, obvio; ya sería el colmo, sino) y deja de escucharme. Así que yo termino pagando la sesión y con una angustia lógica durante unos dos días más, y el tipo, que ni me escuchó, vuelve a su casa y pone el disco porque se le pegó el tema.

La próxima vez que vaya voy a hacer una prueba. Ante su inquisidora pregunta “¿cómo estás?”, le voy a lanzar un: “me siento solo, como si hubiera vivido cinco siglos igual. Usted sabe… como la cigarra, que es un insecto solitario y veraniego. A veces sueño con un óleo de una mujer con sombrero. Será porque el tiempo es veloz y María me dejó. Hay María María, mi luna tucumana, éramos los mareados del barrio de tanto amor. Pero bueno, todo cambia y sigo sobreviviendo. Sólo le pido a dios volver a los diecisiete para honrar la vida como un pájaro libre y con la frente marchita. Que años aquellos, simplemente una muchacha y una guitarra...”

Entonces, con mi orgullo bien alto, me voy a levantar del sillón, voy a caminar hasta la puerta, y antes de partir cierro la sesión con un: “¡Tome licenciado, cántese todas esas ahora!”


Alejandro A Giuffrida
Publicado Noviembre 2006

22 octubre 2006

casi... todo esta guardado en la memoria

Nunca les pasó de tener la seguridad de que algo se olvidan. Bueno, esa tarde me subí al auto revisando los bolsillos, billeteras, monederos y monederitos (que uno siempre lleva encima y generalmente son al pedo) convencido de que estaba dejando algo en casa. Miré si traía el vino que tenía que llevar al asado en casa de los Gomez, y ahí estaba. Busqué los documentos, las llaves y la campera; y definitivamente tenía todo. Arranqué entonces con la idea en la cabeza de si había cerrado o no la puerta de calle. Para cuando repasé paso por paso mi salida de casa y recapitulé que había cerrado todo (y con llave) ya había llegado a la casa de mis amigos.

Entre la comida, las risas y el aplauso para el asador, el domingo hizo que mi obsesión se diluyera y ni el recuerdo de esa sensación de olvido quedaba en mi cabeza.

Cerca de las 6 de la tarde, cuando ya me estaba yendo, mi amigo Sergio me llevó a la cocina para hablar algo en privado. Un tanto preocupado y con cierto temor a preguntar dijo: “¿Por qué no vino tu esposa… están peleados?”

“Ahora si…” respondí sin dudarlo.

Alejandro Giuffrida
Publicado octubre 2006

Diez de los CARAJOS más importantes de la historia…

1.. ¿Cuándo carajo va a parar esta lluvia? (Noé, año 4314 AC).
2.. ¿Cómo carajo se te ocurrió eso? (Su mamá a Pitágoras, año 126 AC).
3.. ¡Qué calor, carajo! (Juana de Arco, 1431).
4.. ¿Cuándo carajo vamos a llegar? (Cristóbal Colón, año 1492).
5.. ¿Cómo carajo quieren que pinte el techo? (Miguel Ángel, año 1566).
6.. ¿Qué carajo tomaste, Julieta? (Romeo, año 1595).
7.. ¿De dónde carajo salieron todos estos indios? (Roca, año1877).
8.. ¿Cómo carajo no van a entender esto? (Einstein, año 1938).
9.. ¡Vamos, Mónica! ¿qué te pasa? ¿Quién carajo se va a dar cuenta?(Bill Clinton, año 1997).
10.. ¿Dónde carajo está el helicóptero? (De la Rúa, 2001).

12 octubre 2006

Espejos Mentirosos


Todos los 12 de octubre festejamos el “Día de la raza”. En los patios escolares, los actos. Algunos chicos se disfrazan de indios y otros de españoles. El más importante del acto es Colón, claro. Las Tres Marías, La Niña y La Pinta se acercan en la imaginación por un océano desértico, después de unos largos meses de viaje. Arriban gloriosos a la tierra desconocida con espejitos de regalo para los indios maravillados por sus ropas y accesorios, que los reciben cordialmente. Clavan su bandera y listo. Después, a sacarse las fotos, los disfraces y al recreo.

¿Así que esto es el Día de la Raza?... ¿cómo siguió la historia? Claro… seguro que desde entonces los espejitos sirvieron para que las indias dejen de andar desnudas o semi–desnudas y comiencen a preocuparse por su imagen, a usar vestidos europeos o jeans de Ona Saez.

Si de educación hablamos, es inconcebible que ni siquiera se mencione el saqueo que estos barcos produjeron en esa tierra desconocida, que es la nuestra. 514 años del descubrimiento de América. Desde el vamos, ya arrancamos mal. Acaso, ¿antes del 12 de octubre de 1492 América no existía? ¿Alguien tenía que descubrirla para concebir vida en ella? ¿Y si damos vuelta el mapa? Las canoas con los indios descubriendo Europa… no, no creo que lo hubiesen permitido.

Descubrimiento de América, festejos por el día de la raza y el inicio de la América civilizada. Semiológicamente ya vamos mal.

¡Pero si vinieron a civilizar! ¡Claro!… civilizar… porque los Incas, los Aztecas, los Quilmes y demás no eran civilizaciones…pero por favor. Otra que countries. Ahora, entre nosotros, ¿qué carajo querían civilizar? Muchas son las veces en que me pregunto que hubiera pasado si se respetaba la armonía en que vivían, sus dioses y costumbres. Seguramente no tendríamos que viajar como ganado en los trenes y subtes. Si, tardaríamos meses en viajar a una provincia para visitar parientes… aunque seguro los parientes vivirían en la choza vecina… en fin, es un debate quimérico, porque no se puede retroceder en el tiempo. Lo que sí se puede es “avanzar”. Tanto avanzamos que llegamos hasta hoy ¡esto si es civilización!



El 11 de septiembre se festejó el día del maestro (no todo fue Torres Gemelas). Los homenajes al padre de la educación y de la civilización, Domingo F. Sarmiento, fueron innumerables. Pero justamente Sarmiento, con su propósito de civilizar, fue quien dijo: “La sangre de los indios y gauchos sólo sirve como abono para la tierra”. La cara del billete de cien, Julio A. Roca, fue otro de los aspirantes por la modernidad europea, la sociedad ilustrada, pero claro, había que limpiar el sur, y le metió pata a la campaña del desierto. Así que a fines del siglo XIX, exterminó a la población indígena del sur. Lo paradójico es que uno de los monumentos más grandes de Roca anda por esos pagos. ¿Y saben por qué Quilmes se llama Quilmes? Porque en el siglo XVII, los colonizadores trajeron a pie y bajo torturas a los indios Quilmes desde el norte de Tucumán hasta la provincia de Buenos Aires, Quilmes. No todo es cerveza. He aquí el origen de los nombres de nuestras calles y ciudades.

Para finalizar, avísenle a Colón que jamás llegó a la India como tenía planeado. Sí, de allí viene el calificativo de “indios”, un error de navegación.
Espero que el revisionismo histórico que anda por Latinoamérica, llegue a los colegios, al trabajo y a los barrios. Brindemos por el día de la raza… festejemos por lo dicho en estas líneas, y por lo que jamás pudieron decir esas voces tan sabias y silenciadas por un fusil.




Paula S. Pimentel
Publicado Octubre 2006

11 octubre 2006

devastador informe

Hoy se dio a conocer una investigación que da como saldo de la invasión de Estados Unidos a Irak un total de “más de 600 mil civiles muertos”.

Dicho de otra forma… la guerra estadounidense contra Irak, que empezó en el 2003, ya mató más de 600 mil personas.
No se si se comprende la magnitud de la cifra.

También podría haberlo planteado como: Estados Unidos ya mató más de medio millón de personas en Irak.

El número de muertos equivale al 2,5% de la población del país.

Paradójicamente, mientras este informe, realizado por equipos sanitarios estadounidenses e iraquíes, salía a la luz; Bush se encargaba de amenazar a Corea del Norte con “durisimas sanciones” por la prueba nuclear que realizó el lunes.

Pero, particularmente, quiero centrarme en el número que revela la investigación citada:


600.000 = 3.000 cromañones
= 7.000 atentados a la AMIA
= 4 tsunamis como el último del sudoeste asiático.
= Más de 4 Bombas atómicas como las de Hiroshima


¿ahora si se comprenda la magnitud de la cifra?



Alejandro A. Giuffrida
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